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Extractos de Los Partidos Políticos (1969, publicación en español):
"...cuando terminan la jornada de trabajo, los proletarios solo piensan en descansar, y en meterse en la cama temprano. Quienes ocpuan sus lugares en las reuniones son los pequeños burgueses..." (1969: 97)
"...la organización es el arma de los débiles en su lucha contra los fuertes" (1969: 67)
" La mayoría de los miembros es tan indiferente a la organización como lo es la mayoría de los electores al parlamento" (1969, 96)
"En un principio los lideres surgen espontaneamente, sus funciones son accesorias y gratuitas. Pronto, sin embargo, se hacen lideres porfesionales y en esta segunda etapa del desarrollo son estables e inamovibles" (1969, 289).
Fiel a su ideología izquierdista Michels consideró que la organización era el arma que la clase obrera debía esgrimir frente a la minoría burguesa. Por desgracia esta misma organización crea las condiciones para que la masa obrera sea igualmente dirigida por sus líderes de clase.
Las posiciones adquiridas por los portavoces en los primeros momentos de la organización se vuelven permanentes a medida la estructura se consolida. Entonces los portavoces se transforman en líderes y los movimientos, asambleas, círculos... en organizaciones institucionalizadas e integradas en el sistema político. Esto no es malo: por supuesto el índice democrático y participativo disminuye dentro de la organización pero a la vez aumenta con respecto al sistema con el que pretende interactuar. El sistema debe estar institucionalizado para que el Estado pueda ejercer el poder y esta lógica se imprime en los grupos que buscan influir en él. Especialmente si estos grupos son débiles cuantitativa o cualitativamente la organización, como señala Michels, es el arma más eficaz para lograr influencia.
Pero aquí llegamos al fondo de la cuestión. El problema no es tanto que las organizaciones sean estructuralmente oligárquicas sino que sus miembros son irresponsables al no frenar esta tendencia. La responsabilidad es de los miembros, no de la organización. ¿Como vamos a exigir democracia popular si la gente no está dispuesta a implicarse? Si los proletarios alemanes de principios de siglo XX, con toda la efervescencia social que había entonces, sólo pensaban en irse a casa después del trabajo, más aun lo pensaran nuestros trabajadores de cuello blanco con sus hogares equipados con todo tipo de entretenimientos.
Hoy como entonces sólo una minoría se interesa por mejorar las condiciones de todos los demás. Este compromiso no surge por casualidad sino en individuos predispuestos al liderazgo, con espíritu emprendedor, que cuentan con las ganas y la capacidad, es decir, tipos diferentes del resto. No resulta extraño que esa minoría tome con el tiempo posiciones dirigentes y se vaya alejando poco a poco de la gente por la que antes luchaba. Para ejemplificarlo nada mejor que los voceros del 68 francés: movilizadores estudiantiles y revolucionarios entonces, hoy gracias a ese capital humano toman posiciones entre las más selectas élites galas.
ANEXO:
El poder de la organización en China, el paraíso comunista
del orden y la disciplina.
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